Violencia vicaria: un agresor jamás será un buen padre
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Foto: Karla J. Escobar/MujeresNet
Por Karla Jazmín Escobar Razura
La violencia vicaria existe, y seguirá convirtiendo en víctimas a madres, hijas e hijos.
Violencia vicaria es un concepto que ha tomado fuerza en los últimos años. Aunque siempre ha existido, aún no se le nombraba. Esta violencia surge cuando la mujer, harta de la violencia infligida por su pareja, decide terminar la relación y, habiendo hijos/as de por medio, el hombre a través de estos/as busca castigar a la mujer por haber salido de la relación de violencia. Como toda violencia, va escalando: ser omiso con la pensión alimenticia, amenazar con llevarse a las y los hijos, hacer denuncias falsas contra la madre -que incluso termina encarcelada injustamente-, abrir carpetas de investigación en estados diferentes de donde reside la madre, la sustracción de las y los hijos e incluso llega hasta el homicidio de menores.
Muchas veces los mismos padres inician estos juicios en cuanto la madre pide la pensión, o las sustracciones ocurren en las visitas que un/a juez/a familiar aprobó. En el afán de castigar a las madres, las y los niños son llevados a otros estados, dados de baja de escuelas, para que la madre no les encuentre; cuando se les logra recuperar, resulta que las y los niños presentan diversos daños psicológicos y un rechazo total hacia sus madres, ya que les han dicho que su mamá les abandonó o que incluso murió.
Por ejemplo “Ceci”, una de las integrantes del colectivo Madres Libertarias que marchó este 8 de marzo en la Ciudad de México, busca a su hijo de un año y tres meses, el cual fue sustraído por su padre, quien goza de ser apoyado por sus influencias al ser trabajador de la Secretaría de Educación Pública.
Muchas veces esta violencia termina con el homicidio de menores para castigar a la mujer, por el hecho de salir de una relación violenta
Estos padres agresores aprovechan el poder monetario o de conocidos para comprar jueces y autoridades. Aunque la Ley Vicaria ya está aprobada en la Ciudad de México y otros estados, quedan muchos huecos que los agresores utilizan en contra de las mujeres pues, a pesar de que estos padres tienen denuncias en su contra por violencia familiar, se les permite convivir con sus hijos y/o hijas. Es común que las madres den a conocer el miedo de que sus exparejas no devuelvan a las y/o los hijos después de una visita, pues son forzados/as a convivir bajo el supuesto “interés superior del menor”. Además, las madres han dado a conocer que sus agresores han formado colectivos como Niños con MAPA o No+hijos rehenes, para seguir violentando no solo a ellas, sino también a sus hijos e hijas; por ello piden que se juzgue con perspectiva de género.
La violencia vicaria puede ser sancionada con hasta seis años de prisión; protege permitiendo medidas de protección urgentes y la creación de una agencia especializada. Sin embargo, los agresores continúan utilizando a hijos e hijas para violentar a las madres con plena impunidad.
Las mujeres pueden vivir violencia en diferentes etapas de su vida, comúnmente solapada por familiares. “Sara”, participante de la marcha del 8 de marzo en el zócalo de la Ciudad de México, a la edad de cuatro años fue víctima de violencia sexual por parte de un tío, la cual cesó y después, cuando vivió con dicho tío y su esposa, inició nuevamente hasta que tuvo 17 años; al decirle a su tía, ella la corrió. Después de esta terrible situación confió en un amigo, quien abusó de ella también, y aunque puso las denuncias correspondientes, la fiscalía “perdió” su carpeta.
Ahora lo que vive es la violencia vicaria: “El padre de mi hijo se lo llevó, hace un año y ocho meses. No me avisaron cuando se lo llevó; el papá le dice a mi hijo que yo lo abandoné. Yo quiero ver a mi hijo, actualmente ya metí un escrito para regular visitas con él”.
La violencia vicaria existe, y seguirá convirtiendo en víctimas a madres, hijas e hijos, hasta que la sociedad, las familias, las autoridades policiacas y encargadas de impartir justicia comprendan que un agresor jamás será un buen padre.

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